El diputado y activista gay brasileño Jean Wyllys le responde al papa Benedicto XVI / Deputy Brazilian gay activist Jean Wyllys responds to Pope Benedict XVI

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Tomado de:  http://blogs.tn.com.ar/todxs/2012/01/14/el_diputado_y_activista_gay_brasileno_jean_wyllys_le_responde_al_papa_benedicto_xvi/

 

El diputado y activista gay brasileño Jean Wyllys le responde al papa Benedicto XVI

Desde que el papa Benedicto XVI lanzó, hace unos días, su último insulto público contra los gays y las lesbianas de todo el mundo —algo que, al parecer, es una de sus prioridades en la vida— vengo pensando si debería dedicarle, otra vez, un post a ese malvado señor. Pero mi amigo Jean Wyllys, periodista, escritor, primer diputado gay fuera del armario de la historia de Brasil e impulsor de un proyecto que busca aprobar el matrimonio igualitario en ese país —actualmente colaboro con él en la coordinación de la campaña de apoyo a ese proyecto— solucionó mi dilema.Lo que sigue es mi traducción al español de la columna que Jean publicó en la revista brasileña Carta CapitalBenedicto XVI y las amenazas contra la humanidad, y al final, de postre, una canción del gran Renato Russo, que reúne una hermosa poesía de Camões con palabras atribuidas a San Pablo:

 

El papa Benedicto XVI dijo que el matrimonio homosexual “amenaza el futuro de la humanidad”.

Yo pensaba que lo que lo amenazaba eran las guerras (muchas de ellas, étnicas o religiosas), el hambre, la miseria económica, la desigualdad y las injusticias sociales, la violencia, el tráfico de drogas y de armas, la corrupción, el crimen organizado, las dictaduras de todo tipo, la supresión de las libertades en diferentes países, los genocidios, la polución ambiental, la destrucción de las florestas, las epidemias… Pero el papa, aun siendo consciente de todos esos males y de que su institución —la Iglesia católica apostólica romana— contribuyó con muchos de ellos a lo largo de la historia occidental, dijo que la humanidad está amenazada por el hecho de que dos hombres o dos mujeres se amen y, por eso, decidan construir un proyecto de vida en común y obtener el reconocimiento legal de esa unión para gozar de derechos ya garantizados a los heterosexuales.

El amor y la felicidad como amenazas contra la humanidad: fue lo que dijo Benedicto XVI.

¡¿El amor, una amenaza?!

De todos los desatinos del papa, este fue el que más me chocó. Tal vez porque su afirmación extravagante y anacrónica viola directamente mi dignidad humana como homosexual visible y orgulloso de mi orientación sexual y de mi formación científica (sí, porque la afirmación de Benedicto XVI parte de la creencia absurda de que el matrimonio civil igualitario va a transformar a todos los hombres y mujeres en homosexuales y va a impedir que todas las mujeres de la tierra recurran a las técnicas de reproducción artificial).

El amor, como la fe, es inexplicable: se siente o no. No hay diccionario que pueda definirlo; sólo el poeta puede decir algo —”fuego que arde sin verse, herida que duele y no se siente”—, pero para entenderlo, es preciso sentir todo lo que el papa, los cardenales, los obispos, los curas, por las reglas del trabajo que eligieron desde jóvenes, tienen prohibido sentir, ya sea por otro hombre o por una mujer.

Tal vez por eso no entienden.

Pero el amor nunca puede ser una amenaza para la humanidad; antes, sí, una salvación para sus peores males, un antídoto contra los venenos que la intoxican, una vacuna contra las enfermedades que la afligen. El papa está equivocado de cabo a rabo. No entendió nada de nada.

Sin embargo, aunque no haya entendido, debería tener un poco de responsabilidad. Sus palabras tienen poder, influencia, entran en la cabeza y en el corazón de millones de personas en el mundo entero. Podría usarlas para hacer el bien. En vez de dedicar tanto tiempo y esfuerzo en injuriarnos a los homosexuales —confieso que no consigo entender el porqué de esa obsesión que tiene con nosotros—, el papa podría colocarse en la lucha contra los verdaderos males que amenazan, sí, a la humanidad. Esos que matan millones, que arruinan vidas, que condenan a pueblos enteros.

Benedicto XVI no puede continuar difundiendo el odio y el prejuicio contra los gays. No puede decir que nosotros, sólo por amar, sólo por reclamar que nuestro amor sea respetado y reconocido, somos “una amenaza”. Por otra parte, porque ese tipo de frases tiene una historia. “¡Los judíos son nuestra desgracia!” (“Die Juden sind unser Unglück!”), dijo el historiador Heinrich von Treitschke, y esa desgraciada expresión, publicada en la revista alemana Der Sturmer y luego usada como lema por los nazis, terminó en lo que terminó. Los homosexuales también lo sabemos: nuestro destino en la Alemania nazi, donde Benedicto XVI pasó su juventud, era el mismo de los judíos, sólo que en vez de la estrella de David, lo que nos identificaba en los campos de concentración era el triángulo rosa. La tragedia del nazismo debería haber servido para aprender que el otro, el diferente, no es una amenaza, ni una desgracia, ni el enemigo. Y nosotros, los homosexuales, no amenazamos a nadie. Nuestro amor es tan bello y saludable como el de cualquiera. Y merecemos el mismo respeto y los mismos derechos que cualquiera.

De la misma manera que sucede ahora con el “matrimonio gay”, el matrimonio entre blancos y negros —llamado, en la época, “matrimonio interracial”— ya fue considerado “antinatural y contrario a la ley de Dios” y una amenaza contra la civilización. En una sentencia de 1966, un tribunal de Virginia que convalidó su prohibición usó estas palabras: “Dios Todopoderoso creó a la razas blanca, negra, amarilla, malaya y roja y las colocó en continentes separados. El hecho de que Él las haya separado demuestra que Él no tenía la intención de que las razas se mezclaran”. El matrimonio entre alemanes “de raza aria” y judíos también fue prohibido por Hitler. Hasta los evangélicos tuvieron el derecho al matrimonio negado en muchos países durante mucho tiempo, porque eran, también, una amenaza —para la Iglesia católica. Parece que algunos pastores no se acuerdan, pero fue así.

En Argentina, que en 2010 aprobó el matrimonio igualitario, la primera gran reforma al Código Civil, en el siglo XIX, fue impulsada por la demanda de los protestantes, que reclamaban por el derecho a casarse. Varias parejas de no católicos se presentaron en la justicia, como ahora hacen los homosexuales. Cuando el país aprobó la ley de creación del Registro Civil, y después el matrimonio civil, en 1888, hubo graves enfrentamientos entre el gobierno argentino y la Iglesia católica, que incluyeron la ruptura de las relaciones diplomáticas con el Vaticano. En el Senado, uno de los opositores al matrimonio civil dijo que, a partir de su aprobación, perdida la “santidad” del matrimonio, la familia dejaría de existir. La ley fue llamada “obra maestra de la sabiduría satánica” por monseñor Mamerto Esquiú, quien dijo sobre los gobernantes argentinos de la época que “se amamantan de los pechos de la gran prostituta, la Revolución Francesa”. Todas las predicciones apocalípticas que fueron hechas contra la ley de matrimonio civil, sin embargo, no se cumplieron. “Anunciaron, garantizaron que el mundo se iba a acabar… pero el mundo no se acabó”.

Pasó más de un siglo, pero las discusiones son las mismas. Los argumentos son los mismos. El papa Benedicto XVI continúa sin entender. No entiende, tampoco, que el matrimonio civil y el matrimonio religioso son dos instituciones diferentes. El matrimonio civil está reglamentado por el Código Civil, que puede ser modificado por el Congreso, mientras que el matrimonio religioso depende de las leyes de cada iglesia: por ejemplo, el matrimonio católico es diferente del judío.

El matrimonio religioso se hace en la iglesia, templo, mezquita o terreiro; el civil, en el Registro Civil. Para celebrar el matrimonio religioso en la Iglesia católica, los novios deben ser bautizados o hacer un juramento que substituye el bautismo, y deben realizar un curso previo en la iglesia, lo cual no es necesario para el matrimonio civil, que puede ser celebrado por personas de cualquier religión o por ateos. El matrimonio religioso, en la mayoría de las iglesias cristianas, es indisoluble; mientras que el civil admite el divorcio.

En consecuencia, una persona se puede casar en la iglesia apenas una vez en la vida, pero puede casarse cuantas veces quiera en el Registro Civil, siempre que esté divorciada. El matrimonio religioso, para que produzca efectos jurídicos [N. del T.: en Brasil, pero no en Argentina, donde la ley sólo reconoce el civil], debe ser registrado en el Registro Civil, mientras que los efectos jurídicos del matrimonio civil son inmediatos.

Lo que los homosexuales reclamamos es el derecho al matrimonio civil. El proyecto de enmienda constitucional que estoy impulsando en el Congreso no se mete con el matrimonio religioso, cuyos efectos jurídicos son reconocidos por el artículo 226 § 2 de la Constitución brasileña, que será mantenido tal como está. Mi proyecto legaliza el matrimonio civil entre personas del mismo sexo, pero no dice nada sobre el matrimonio religioso. De la misma manera que el Estado no debe interferir en la libertad religiosa, las religiones no deben interferir en el derecho civil. Este último es una institución laica, que debe atender por igual las necesidades de aquellos y aquellas que creen en Dios —en cualquier dios o en varios dioses— y también de aquellos y aquellas que no creen.

Llegará el día en que un niño irá a la biblioteca de la escuela para buscar, en los libros de historia, alguna explicación sobre un hecho sorprendente que el profesor comentó en clase: “Hasta principios del siglo XXI, el matrimonio entre dos hombres o dos mujeres no estaba permitido”. Para nuestro pequeño ciudadano, esa antigua prohibición resultará tan absurda como hoy nos resulta la prohibición del matrimonio entre negros y blancos, o del voto femenino. Y si descubre, en la biblioteca, que hubo un día en que un papa dijo que el matrimonio gay amenazaba a la humanidad, probablemente sentirá la misma repulsión que nosotros sentimos al leer la desgraciada frase de von Treitschke.

Benedicto XVI debería pensar si quiere pasar a la historia de esa manera. Aún está a tiempo.

Ojalá que algún día sea capaz de entender y aceptar el amor —cualquier manera de amor y de amar— y hacer aquello que Jesucristo predicaba: “Amarás al prójimo como a ti mismo”.

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Taken from: http://blogs.tn.com.ar/todxs/2012/01/14/el_diputado_y_activista_gay_brasileno_jean_wyllys_le_responde_al_papa_benedicto_xvi/

Deputy Brazilian gay activist Jean Wyllys responds to Pope Benedict XVI

 

Since Pope Benedict XVI released a few days ago, his final public insult against gays and lesbians from around the world, something that apparently is one of his priorities in life, I’ve been thinking whether I should spend again , a post to the evil lord. But my friend Jean Wyllys, journalist, writer, first deputy out of the closet gay Brazilian history and a proponent of a project to pass the equal marriage in this country currently collaborating with the coordination of the campaign in support of this project, solved my dilema.Lo following is my translation into Spanish of the column in the magazine Jean Brazilian Capital Letter, Benedict XVI and the threats to humanity, and finally, for dessert, a song of the great Renato Russo, that meets a beautiful poetry of Camões in words attributed to St. Paul:

Pope Benedict said that gay marriage “threatens the future of humanity.”

I thought that wars were threatening him (many of them ethnic or religious), hunger, economic misery, inequality and social injustice, violence, drug trafficking and arms trafficking, corruption, crime organized, the dictatorships of all kinds, the suppression of freedoms in different countries, genocide, environmental pollution, destruction of forests, epidemics … But the pope, aware of all these evils and your institution – Roman Catholic Church, helped with many of them throughout Western history, said humanity is threatened by the fact that two men or two women love each other and, therefore, decided to build a common life project and obtain legal recognition of that union to enjoy the rights already guaranteed to heterosexuals.

Love and happiness as threats to humanity: it was what Benedict said.

Is love a threat?!

Of all the follies of the pope, this was what struck me. Perhaps because his extravagant and anachronistic claim directly violates my human dignity as visible gay and proud of my sexual orientation and my scientific training (yes, because Benedict’s statement of the absurd belief that equal civil marriage will transform all men and women in homosexual and will prevent all women on earth resort to artificial reproductive techniques).

Love, like faith, is inexplicable: it feels or not. No dictionary that can define it, only the poet can say something – “fire that burns without being, a wound that hurts and does not feel” – but to understand it, must feel all that the pope, cardinals, bishops, the priests, by the rules of work chosen from young people feel are prohibited, either by man or a woman.

Maybe that’s why they do not understand.

But love can never be a threat to humanity, before, yes, salvation for its worst evils, an antidote to the poisons that poison, a vaccine against the diseases that afflict it. The pope is wrong from beginning to end. He did not understand anything.

However, although do not understand, you should have some responsibility. His words have power, influence, come into their heads and hearts of millions of people around the world. Could use them for good. Instead of spending so much time and effort in speaking ill of homosexuals, I confess I can not understand why this obsession you have with us, the pope could stand in the fight against the real evils that threaten him, even humanity. Those that kill millions, ruining lives, who condemn entire peoples.

Benedict can not continue spreading hatred and prejudice against gays. You can not say that we only love, only to claim that our love is respected and recognized, are “a threat.” Moreover, because such words have a history. “The Jews are our misfortune!” (“Die Juden sind unser Unglück!”), The historian Heinrich von Treitschke, and that unfortunate expression, published in the German magazine Der Sturmer and then used as a slogan by the Nazis, ended in it ended. Homosexuals know: our fate in Nazi Germany, where Benedict XVI spent his youth, was the same as the Jews, only instead of the Star of David, which we identified in the concentration camps was the pink triangle . The tragedy of Nazism should have served to learn than the other, the different, not a threat, not a misfortune, not the enemy. And we, the homosexuals, not threaten anyone. Our love is so beautiful and healthy as anyone. And we deserve the same respect and rights as anyone else.

In the same way as happens now with the “gay marriage”, marriage between whites and blacks, called at the time, “interracial marriage” – and was considered “unnatural and contrary to the law of God” and a threat civilization. In a 1966 ruling of a court in Virginia upheld its ban used these words: “Almighty God created the races white, black, yellow, malay and red and placed them on separate continents. The fact that he has separated the shows that he did not intend for the races to mix. “The marriage of German “Aryan race” and was also banned Jews from Hitler. Even the evangelicals were denied the right to marriage in many countries for a long time, they were also a threat, the Catholic Church. It seems that some pastors do not remember, but it was so.

In Argentina, which in 2010 passed the equal marriage, the first major reform of the Civil Code, in the nineteenth century was driven by the demand of the protesters, who demanded the right to marry. Several pairs of non-Catholics are presented in justice, as they do now homosexuals. When the country passed a law creating the Civil Registry, and then the civil marriage in 1888, there were serious clashes between the Argentine government and the Catholic Church, which included the breaking of diplomatic relations with the Vatican. In the Senate, one of the civil marriage opponents said that since its adoption, lost the “sanctity” of marriage, the family would cease to exist. The law was called “a masterpiece of satanic wisdom” by Bishop Mamerto Esquiu, who said of the Argentine rulers of the time that “suckle the breasts of the great prostitute, the French Revolution.”All the doomsday predictions that were made against the civil marriage law, however, were not met. “They announced, ensured that the world would end … but the world did not end.”

He spent more than a century, but the discussions are the same.The arguments are the same. Pope Benedict XVI still does not understand. He does not understand, either, that civil marriage and religious marriage are two different institutions. Civil marriage is regulated by the Civil Code, which can be modified by Congress, while the religious marriage depends on the laws of each church, for example, the Catholic marriage is different from the Jew.

Religious marriage is made in the church, temple, mosque or terreiro, the civilian in the Civil Registry. To celebrate the religious marriage in the Catholic Church, the couple must be baptized or take an oath that replaces the baptism, and must make a prior course in the church, which is not necessary for civil marriage, which can be held by people of any religion or atheists. Religious marriage, in most Christian churches, is indissoluble, while the supports civil divorce.

Consequently, a person can marry in the church just once in life, but may marry as often as desired in the Civil Registry, if you are divorced. The religious marriage, to produce legal effects [N. T.: in Brazil, but not in Argentina, where the law recognizes only civil], must be registered in the Registry, while the legal effects of civil marriage are immediate.

The claim is that homosexuals the right to civil marriage. The proposed constitutional amendment that I am urging the Congress does not interfere with religious marriage, legal effects of which are recognized by Article 226 § 2 of the Brazilian Constitution, which will be maintained as it is. My project legalizes civil marriage between same sex, but says nothing about religious marriage. In the same way that the state should not interfere in religious freedom, religion should not interfere in civil law. The latter is a secular institution, which must equally address the needs of men and women who believe in God-any god or gods, and also several of those and those who do not.

One day a child will go to the school library to look at the history books, some explanation of a surprising fact that the professor said in class: “Until the early twenty-first century, marriage between two men or two women were not permitted. ” For our small city, this ancient prohibition is as absurd as today we find the prohibition of marriage between blacks and whites, or women’s suffrage. And if you find in the library, which was a day when a pope said that gay marriage threatens humanity, probably feel the same revulsion we feel when reading the unfortunate phrase of von Treitschke.

Benedict XVI should consider if you want to go down in history that way. There’s still time.

I wish one day be able to understand and accept the love-any way-love and love and do what Jesus preached: “Love your neighbor as yourself.”

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